miércoles, 3 de junio de 2009

OTRO FINAL AL CUENTO DE LOS TRES CERDITOS

Estuve llamando más y más veces, pero no me querían abrir.
Entonces, empecé a escalar por la chimenea, y de repente sentí como había llegado al final de mi destino.
Ninguno de los tres estaba ni en el salón, ni en el comedor, ni en la cocina,...
Pero empecé a recorrer la casa y estaban escondidos en el cuarto.
Salieron corriendo hacia la puerta, pero por mi alegría la puerta se había atascado.
Todo se aclaró. Solucionamos todo, y desde entonces somos grandes amigos.

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